Sentado en su casa, frente al televisor, el joven
puede recorrer diversos países del mundo, gozar con la reproducción de una obra
artística, escuchar una pieza musical clásica en el aparato de radio portátil.
El desarrollo de la comunicación audiovisual facilita una visión y un
conocimiento mucho más directo, las fuentes de información están mucho más
diversificadas y la intervención y participación posibilitadas por la
tecnología son mayores y crecientes. Por ello, la escuela no puede dar la
espalda a estos hechos y, por el contrario, deberá dar cuenta, explicar, ayudar
a interpretar todo este conjunto de referentes que hoy los jóvenes manejan, a
fin de integrarlos, conocer los diferentes lenguajes y aprovecharlos.
“Si hoy en día la creatividad
del educando se alimenta de visiones, ideas y valores de distinta factura, la
escuela tiene ante sí el reto de estimular nuevas formas de experimentación y
creación en los educandos, haciendo uso de los instrumentos técnicos y de las
posibilidades que la comunicación masiva aporta. Si la imagen tecnológica tiene
en algunos casos la virtud de captar aspectos que la imagen natural no
permitía, se trata de dialogar con los escolares acerca de las posibilidades de
una y otra y volver al examen de la realidad para comprenderla mejor. Tal es la
función educativa”.

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